Imagínate que estás frente a un río crecido, o un banco de barro donde incluso caminar se vuelve imposible. Ahí es donde las camionetas de lujo, con sus asientos de cuero y sus sensores de proximidad, empiezan a pedir auxilio. Pero para este titán ruso, eso es apenas el calentamiento. El Trackmaster nació originalmente para la guerra, para el rescate en condiciones imposibles y para expediciones donde si te quedas varado, no hay nadie que vaya por ti.
Un diseño que impone respeto desde el primer vistazo
Cuando ves este camión de frente, lo primero que notas es que todo en él es funcional. No hay adornos cromados innecesarios ni plásticos frágiles que se rompan con la primera rama que cruces. El parachoques es alto y masivo, diseñado para romper obstáculos sin despeinarse. Además, viene con un esnórquel de fábrica, porque este vehículo asume de entrada que vas a tener que sumergirlo.

Las cifras que maneja son, sencillamente, ridículas. Estamos hablando de un bicho que mide 6.3 metros de largo y casi 2.8 metros de alto. Para que te hagas una idea, es como tener un edificio pequeño con ruedas. Y no cualquier rueda: monta llantas de 42 pulgadas sobre rines reforzados que parecen sacados de un tanque de guerra. Estas ruedas no solo sirven para la tracción, sino que son capaces de absorber impactos que destrozarían la suspensión de cualquier pickup convencional.
El interior: Donde la rudeza se encuentra con la comodidad inesperada
Mucha gente piensa que, al ser un vehículo con ADN militar, por dentro va a ser una caja de metal fría y vacía. Pero te llevarías una sorpresa. El Trackmaster ha sido “civilizado” de una manera muy inteligente. No es un sedán de lujo, claro, pero está diseñado para que un conductor pueda trabajar durante horas sin que se le destruya la espalda.
Los asientos cuentan con suspensión propia y hasta calefacción, algo vital cuando te toca trabajar en climas extremos. Pero lo que más llama la atención es que, escondido entre tanta rudeza, encuentras una pantalla táctil compatible con sistemas modernos para conectar tu teléfono. Sí, puedes estar en medio de la selva o el desierto escuchando tu música favorita o siguiendo una ruta en el mapa mientras dominas el barro.
Hay versiones para todos los gustos: desde la cabina simple donde caben tres personas, hasta la doble cabina que puede llevar a siete pasajeros. Imagínate ir de expedición con seis amigos en un vehículo que puede pasar literalmente por encima de lo que sea.
Un corazón de metal que no sabe lo que es rendirse
Bajo ese enorme capó, el Trackmaster esconde un motor turbodiésel de 2.8 litros. A primera vista, los números de potencia (unos 148 caballos) podrían parecer normales para una pickup mediana. Pero aquí es donde viene el truco: el torque es de 419 Nm y la entrega de esa fuerza ocurre desde muy abajo.
Lo que realmente importa aquí no es qué tan rápido corre en la autopista (su velocidad de crucero es de unos 90-95 km/h), sino su capacidad de avanzar cargado hasta los dientes. La distribución es por cadena, lo que te garantiza una vida útil muchísimo mayor y menos visitas al mecánico que los motores con correas convencionales. La caja es manual de cinco velocidades, robusta y con una sensación de “hierro puro” que te da la confianza de que no se va a romper nunca.
Tecnología de guerra para el usuario común
Una de las funciones más impresionantes, y que de verdad humilla a cualquier otra pickup en el mercado, es el sistema de control de presión de neumáticos centralizado. ¿Sabes lo tedioso que es bajarse de la camioneta para desinflar las llantas cuando entras a la arena o al barro, y luego tener que inflarlas con un compresor portátil al volver al asfalto?
Bueno, en este camión ruso eso es cosa del pasado. Tienes un sistema que te permite inflar o desinflar las cuatro llantas desde el asiento del conductor mientras vas en movimiento. Puedes llevarlas a 80 libras para tener estabilidad en carretera y bajarlas a 20 libras en segundos cuando el terreno se pone complicado. Esto te da una ventaja competitiva brutal en el mundo del 4×4.
Además, su chasis tiene una capacidad de torsión que parece de goma. Cuando estás en terrenos con zanjas profundas, el chasis se retuerce de tal manera que permite que las ruedas mantengan el contacto con el suelo el mayor tiempo posible. Es por eso que mucha gente lo está usando para convertirlo en el camper definitivo: una casa rodante indestructible que puede llegar a lugares donde los demás ni siquiera sueñan con entrar.

¿Cómo se gestiona su llegada a nuestras tierras?
Es natural que, después de conocer todo este potencial, te preguntes cómo es posible que no veamos más de estos circulando por nuestras calles. La realidad es que no es un vehículo que vayas a encontrar en el concesionario de la esquina junto a los autos familiares.
Su disponibilidad es más exclusiva y estratégica. Actualmente, se gestiona mediante importación directa a través de representantes comerciales de vehículos pesados rusos en la región, como Kamaz Latinoamérica, o bajo pedido de importación especial. Esto garantiza que quien adquiere uno tenga el respaldo necesario para repuestos y mantenimiento especializado, aunque, como ya te mencioné, su mecánica es tan honesta y sencilla que cualquier taller diésel con buena mano puede meterle mano sin necesidad de software ultra secreto o computadoras espaciales.
Una autonomía que asusta a la competencia
Si vas a meterte en una expedición de varios días, lo último que quieres es estar preocupado por dónde vas a encontrar una gasolinera. El Trackmaster entiende esto a la perfección y por eso viene equipado con dos tanques de combustible de 90 litros cada uno. Con un total de 180 litros de diésel, este monstruo puede recorrer más de 800 kilómetros en condiciones reales de trabajo.
Es una tranquilidad que no te ofrece casi ninguna pickup moderna sin tener que recurrir a bidones extra que ocupan espacio en la batea. Aquí, la autonomía es parte del ADN del vehículo. Es un regalo para quienes trabajan en zonas rurales, selvas o desiertos donde la civilización queda a cientos de kilómetros de distancia.
Capacidad de carga: Aquí se acaba la discusión
Para cerrar con broche de oro, hablemos de lo que de verdad separa a los hombres de los niños: la carga. Una pickup convencional suele sufrir cuando le metes una tonelada encima; la suspensión se baja, el motor se esfuerza y el manejo se vuelve peligroso.
El Gaz Trackmaster en su versión de cabina simple puede cargar 3 toneladas. Sí, leíste bien. Tres mil kilos de lo que quieras: herramientas, ganado, suministros o equipo de rescate. Y si necesitas remolcar, tiene capacidad para arrastrar 3,500 kg con una estabilidad impresionante, gracias a que el peso del camión y su distancia entre ejes lo mantienen siempre plantado al suelo.
Conclusión: ¿Es el vehículo definitivo?
Al final del día, el Trackmaster no intenta ser bonito ni el más rápido. No le interesa ganar premios de diseño ni tener el mejor sistema de sonido del mundo. Lo que busca es ser honesto. Es una máquina creada para el trabajo real, para ese barro profundo donde los sensores electrónicos suelen fallar y las pantallas se apagan por el calor o la humedad.
Es un recordatorio de que, a veces, menos es más. Menos electrónica significa menos cosas que pueden fallar cuando estás lejos de casa. Más acero y más torque significan que vas a llegar a tu destino sin importar lo que el camino te ponga enfrente. Si lo que buscas es un vehículo indestructible que humille a cualquier camioneta convencional en su propio terreno, este gigante ruso es, sin duda, la respuesta que nadie te quería mostrar.
¿Te imaginas cruzando un río con el agua llegándote a las ventanas mientras tu motor sigue respirando tranquilo? Con este camión, eso no es una fantasía, es simplemente un martes cualquiera de trabajo.